Quienes somos

De La Salle Casa de Encuentros es una Fundación que pertenece a la familia de centros educativos del Distrito Lasallista Norandino. Propicia un ambiente adecuado para el crecimiento de la espiritualidad cristiana y la formación ciudadana, poniendo a disposición de la comunidad en general los medios logísticos, técnicos y tecnológicos que contribuyan al desarrollo de su objeto social, fortaleciendo la Misión Lasallista de formar humana y cristianamente. Su accionar se basa en las enseñanzas de San Juan Bautista De La Salle, Fundador del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas y Santo Patrono universal de los educadores en el mundo.

 Visión

En el año 2018, De La Salle Casa de Encuentros será un espacio para la reflexión, formación y crecimiento del ser humano, posicionado como la mejor alternativa para el encuentro personal con Dios.

 Misión

De la Salle Casa de Encuentros, al formar parte de la familia de obras del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, Distrito Lasallista Norandino, trabaja por procurar una formación humana y cristiana, según el ministerio de la Iglesia le confía. En el despliegue de su objetivo social, propicia la infraestructura física y la logística necesaria para la realización de eventos institucionales, empresariales y sociales, contribuyendo al logro de la formación y el fortalecimiento de la espiritualidad cristiana.

El Fundador del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, Patrono de los Educadores Cristianos

San Juan Bautista de La Salle vivió en un mundo totalmente diferente del nuestro. Era el primogénito de una familia acomodada que vivió en Francia hace 300 años. Juan Bautista de La Salle nació en Reims, recibió la tonsura a la edad de 11 años y fue nombrado canónigo de la Catedral de Reims a los 16.

Cuando murieron sus padres tuvo que encargarse de la administración de los bienes de la familia. Pero, terminados sus estudios de teología, fue ordenado sacerdote el 9 de abril de 1678. Dos años más tarde, obtuvo el título de doctor en teología. En ese período de su vida, intentó comprometerse con un grupo de jóvenes rudos y poco instruidos, a fin de fundar escuelas para niños pobres.

En aquella época, sólo algunas personas vivían con lujo, mientras la gran mayoría vivía en condiciones de extrema pobreza: los campesinos en las aldeas y los trabajadores miserables en las ciudades. Sólo un número reducido podía enviar a sus hijos a la escuela. La mayoría de los niños tenían pocas posibilidades de futuro. Conmovido por la situación de estos pobres que parecían “tan alejados de la salvación” en una u otra situación, tomó la decisión de poner todos sus talentos al servicio de esos niños, “a menudo abandonados a sí mismos y sin educación”.

Para ser más eficaz, abandonó su casa familiar y se fue a vivir con los maestros, renunció a su canonjía y su fortuna y a continuación, organizó la comunidad que hoy llamamos Hermanos de las Escuelas Cristianas.